Hay destinos que invitan a recorrerlos y otros que piden un poco más de tiempo para comprenderlos. Turquía es uno de ellos. Por eso diseñamos este viaje buscando un equilibrio entre sus grandes imprescindibles y esos momentos que permiten acercarse a la vida cotidiana: cruzar el Bósforo en ferry, caminar por un barrio, perderse en un mercado o simplemente tener una tarde sin agenda. En mayo volvemos a Turquía con un grupo reducido y acompañados por Laura desde Buenos Aires. Una manera más pausada, cercana y personal de descubrir Estambul, Capadocia, Pamukkale y Éfeso.
Hay lugares que uno visita y lugares que necesita vivir un poco para empezar a entenderlos. Para mí, Turquía es uno de esos.
Estambul puede deslumbrarte en pocos minutos. Las cúpulas, los minaretes, el Bósforo, los mercados, el llamado a la oración. Todo parece decirte que llegaste a un lugar diferente.
Pero hay otra Estambul que aparece cuando bajamos un poco el ritmo.
Cuando cruzamos el Bósforo en el ferry que toman todos los días quienes viven allí. Cuando caminamos por las calles de Balat y Fener. Cuando nos sentamos en un café, entramos a un mercado en Kadıköy o simplemente tenemos una tarde libre para salir sin un programa que cumplir.
Esa es la Turquía que quiero compartir en este viaje.
Viajar no debería ser correr detrás de un itinerario
Cuando diseñamos esta salida había algo que tenía muy claro: quería que estuvieran los grandes lugares que uno sueña con conocer, pero no quería que el viaje se convirtiera en una sucesión de fotos y horarios.
Por supuesto que vamos a conocer el Palacio Topkapi, la Mezquita Azul, el Gran Bazar, Capadocia, Pamukkale y Éfeso.

Santa Sofía por dentro – Estambul.
Pero también quiero que tengamos tiempo.
Tiempo para caminar. Para mirar. Para probar algo que encontramos en el camino. Para volver a ese lugar que nos gustó. Incluso para no hacer nada durante unas horas.
Por eso incluimos tardes realmente libres y evitamos llenar cada espacio disponible con una excursión.
Capadocia merece que bajemos del vehículo
Hay paisajes que cambian completamente cuando los caminamos.
En Capadocia vamos a recorrer a pie uno de sus valles, entre esas formaciones increíbles que parecen de otro planeta. Visitaremos pueblos, fortalezas naturales y una ciudad subterránea. Y quien quiera podrá vivir la experiencia de volar en globo al amanecer.
Pero también habrá una tarde para quedarse en el pueblo y esperar el atardecer sin mirar el reloj.
Ese equilibrio es parte del viaje que imaginé.

También elegimos dónde ganar tiempo
Viajar despacio no significa perder tiempo innecesariamente.
Por eso, en los trayectos largos elegimos volar. Vamos de Estambul a Capadocia y regresamos desde Izmir a Estambul en avión, evitando muchas horas de carretera.
Prefiero guardar esas horas para caminar por Éfeso, descubrir Şirince o tomar un café frente al Bósforo.
Y siempre que podemos elegir entre una experiencia preparada exclusivamente para turistas y otra que nos acerca un poco más a la vida del lugar, intentamos elegir la segunda.
¿Te gustaría vivir Turquía así?
Voy a acompañar esta salida desde que nos encontremos en Ezeiza hasta que volvamos a Buenos Aires. Y durante el recorrido tendremos además guías locales en español, porque creo que la mejor combinación es viajar acompañados y, al mismo tiempo, descubrir cada lugar de la mano de quienes realmente lo conocen.
Son 13 días para conocer Estambul, Capadocia, Pamukkale y Éfeso. Pero, sobre todo, son 13 días pensados para tener tiempo de vivir Turquía, no solamente de recorrerla.
Nos vamos el 19 de mayo y el grupo será limitado.
Si te imaginaste en este viaje mientras leías, escribime. Te envío el itinerario completo, valores y condiciones de la salida y conversamos personalmente para ver si esta propuesta es para vos.
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Nos vemos en el viaje,
Laura